Yo, la autora

Cierto mis textos son lo que pienso y muchas veces por ser mujer guardo dentro de los silencios nocturnos, pero quién puede evitar que los escriba ... tuve dueño de mis palabras, pero le quitaba la libertad a mi mano y a mi pensamiento ...

sábado, julio 3

Solicito Amante

     Que no corra las cortinas de nuestra habitación si el día me espera con cara de tristeza, pero que las abra de par en par mientras hacemos el amor para que el sol nos recorra lentamente en la cama.

     Que no me pregunte qué me pasa si miro a otro lado mientras conversa conmigo y que no busque entre la gente quién me mira.


     Que mantenga mis vicios de lectura y café. Que no le dé verguenza si robo un libro de una biblioteca y lo escondo en mi vestido, que no se desespere si no logro elegir en una librería entre dos autores y termine por llevarme tres.


     Que me ignore mientras leo y bebo café, que entienda que mis placeres son pequeños pero importantes, que el primero alimenta mi alma y el segundo me prepara para hacerle el amor.


     Que me mire mientras hablo con los geranios y se encele de los claveles.
     Que permita que bajo mi almohada duerma Llosa y a mi lado Murakami.


     Que escuche mis quejidos mientras duermo y acaricie mi cara con ternura, y cuando hagamos el amor me mire mientras muerdo mi labio.


     Que no me juzgue si hoy uso una falda larga y mañana una blusa de inmoral escote.


     Que se meta en mi cama, en mis sueños y en mis palabras.


     Que me abrace cuando me vea sola, que calle cuando me vea con el ceño fruncido y me bese en plena plaza.


     Que me eche su brazo bajo la lluvia para correr por la acera. Que me esconda bajo un árbol para besarme y apretar mi cuerpo contra el suyo.


     Que me invite a su casa y no me insista en meterme a su cama.


     Que me deje libres la manos para acariciarlo a placer.


     Que me deje escribirle cuánto lo quiero y me deje gritarle que lo odio por querelo tanto. Que no me critique porque no asisto a misa, pero me deje hablarle a El, para que lo cuide mientras no está conmigo.


     Que me permita ser libre para volver siempre a su abrazo.


     Que me ame por lo que tengo en el corazón y me desee más por mis palabras y me quiera sólo por hoy, que del mañana yo me encargo.

A mis 40

  Tienes razón, mis ojos no brillan con la misma intensidad con la que miraban a los 20, ni atraviesan la oscuridad de la noche presas del deseo; pero son capaces de adivinar los pensamientos que me esconden, de romper las mentiras que me dicen y de mirar el futuro de mi vida.


  Mis labios necesitan de vez en cuando un poco de carmín, pero te aseguro que la madurez les ha impreso un sabor especial y las sensaciones que despiertan al besar son más profundas que cuando aprendí a amar.


  Mis mejillas han cambiado, pero el rubor del deseo y la pasión aún las tiñe cuando me hacen el amor.
Es cierto que mi piel no brilla como antes a la luz de la luna, tampoco la seda se detiene en su poros para envidarla, pero tiembla aún por el roce de unos labios y con urgencia se humedece al contacto de otra piel.


  Sé de sobra que mi cuerpo no es el mismo que desnudaron la primera vez, pero en la cama es el rompecabezas perfecto para armarlo hasta el amanecer y comenzar de nuevo al mediodía.


  Mi cintura y mis caderas están hechas para que lo ciñan con urgencia o con ternura, para bailar sin música en la penumbra o buscar consuelo a las penas.


  También mis pies han cambiado, ya no soy la que calza zapatillas de altos tacones para seducir, pero mis pasos son más seguros y caminan sin titubeos en la búsqueda de lo que necesito y quiero.

  Cierto que mi voz y mis palabras han cambiado; cierto que ya no digo tantos “te quiero“ o “te necesito“, pero lo que digo en la cama no lo sabes ni lo has escuchado.


  Tienes razón, ya no hablo como antes, mis conversaciones son más cortas porque escojo las palabras adecuadas para poder escuchar, para centrar mi atención en quien me habla, para que mi silencio y mis ojos le digan que no hay nada más importante que lo que ha de decirme.


  Los periodos de lectura son más largos y las tazas diarias de café me son más placenteras, miro más por la ventana y lloro quedo por las noches por amores perdidos que no regresan.



 Ya lo ves, la estupidez de mis 20 quedó desterrada y ya no soy la misma. No hay otra más que la dueña de lo que acabo de describir. Te desvelo a la mujer de 40 en que me he convertido, la que acepta de la vida lo que cada mañana le ofrece y da gracias a Dios por una noche más.


  Está bien si crees que lo que te soy no es lo que quieres o no es suficiente, pero no puedes seguir amando a quien no puede regresar...
Aún así ... ¿me preguntas qué más puedo ofrecer?