Yo, la autora

Cierto mis textos son lo que pienso y muchas veces por ser mujer guardo dentro de los silencios nocturnos, pero quién puede evitar que los escriba ... tuve dueño de mis palabras, pero le quitaba la libertad a mi mano y a mi pensamiento ...

viernes, noviembre 19

!Con permiso, ganadero!

¡Con permiso, ganadero!

¿Una tienta? Yo nunca había asistido a un tienta. Muchachos vestidos de corto con capotes y muletas bajo el brazo en un ruedo de piedra en medio de la nada y pidiendo permiso al ganadero para torear una vaquilla es una experiencia que pocas mujeres tienen el privilegio de sentir.
Fue una travesía de kilómetros en medio de montes llenos de palmas y gobernadora para llegar a la ganadería Valle de Gracia.
Pocas son las mujeres que entran, muy pocas, sólo dos estamos en el ruedo. Sólo miramos y escuchamos.
A nuestro alrededor los hombres aconsejan a los jovencitos quienes con capote y muleta unos decididos, otros temerosos e inseguros se adelantan a la primer vaquilla.
¡Con permiso, ganadero! Se oye desde el centro del ruedo. Y el ganadero lo concede. Entonces los pases y muletazos se dejan ver. Desde uno de los burladeros, uno de los maestros, matador retirado, le grita por su nombre al muchacho ordenando que le ponga la muleta en la cara al animal.
Otro, un matador con muchísima experiencia cuenta sus anécdotas de cuando era torero, para rematar dice: “Nomás le falta brega al muchacho” y ve detalles y errores que yo no veo y no puedo distinguir.
“Ni un paso pa tras” le dijeron. Y ni un paso para atrás dio ni con el capote ni con la muleta.
Sale la vaquilla con la fuerza de 8 meses de edad. Da vuelta al anillo con ímpetu y para las orejas, entonces el muchacho grita " ¡Vaca, vaca!" Llama al animal que invitado por el capote acude embistiendo. Uno, dos, tres capotazos, pero según el matador, le falta brega. Y su mano corre después por la muleta. Su figura espigada se flexiona al extenderla para darle salida a la vaquilla.
La tierra se levanta cuando la vaquilla se aproxima con rapidez y el muchacho la llama otra vez. Tiene estilo, sólo le falta pulirse.
¡Camina como torero! Le gritan, y el muchacho reacomoda la espalda y camina derecho. Su padre le pide que le pase la muleta por la cara de nuevo a la vaquilla, pero el animalito está cansado.
Seis vaquillas y cinco muchachos. Ninguna de las vaquillas rehuyó al caballo. Todas traían ganas de embestir, todas con casta, pero es el ganadero quien las conoce. Él las ha visto nacer, crecer, si en la tienta demuestran la bravura, las verá aparearse, parir. Sabe qué semental ha cubierto a cuál vaca y conoce de sus orígenes.
Es con el caballo donde se mide su bravura.Una y otra y otra y otra vaquilla y los muchachos solicitan permiso. Dos hermanos también desdoblan los capotes y piden permiso con todo respeto... silencio, de vez en cuando uno a otro se dan consejos.
No es fácil ser hijo de torero. No es sencillo darle gusto a su padre, no se le puede engañar. Porque ha mirado a varios caminar hacia el ruedo y nunca se ha equivocado al augurar que un muchacho puede convertirse en matador.
Mientras su padre lo mira, debe demostrarle que tiene valor y aptitudes de torero, no puede darse el lujo de titubear ni tener miedo.
Complacido, que no es lo mismo que satisfecho, su padre lo ve como un diamante al que hay que pulir, y él está dispuesto a hacerlo. Y si es necesario pedirá que alguien más le ayude a pulir a este que puede volverse un diamante o sólo una piedra de bisutería barata.
Practicar el toreo de salón le ayuda, pero no será lo mismo cuando vaya contra un novillo o un toro. En el ruedo al toro ya no lo imagina, el toro ya no está en su mente.

Me sueltan la muleta
¿Cómo se agarra la muleta? Ni idea, y pesa, aunque sea de tela, pesa. Me la suelta uno de los muchachos que por el parecido no sé quién es y me dice "Sin el ayudado para que no te pese". Es una becerrita apenas, pero está cansada así que lo más que hago es defenderme y protegerme, escucho burlas y risas de hombres de campo que contrario en avergonzarme me provocan y de todos modos quedo en ridículo.
Para la foto era suficiente, eso queda como constancia que agarré una muleta; y es cierto, abajo a los animales se les ven los ojos más grandes.
Ya se oculta el sol y nadie habla, todos entre tinto, tortilla y paella española hacen remembranza de corridas con grandes figuras del toreo, en sus voces escucho al Juli, a Ponce y uno que otro chiste que hacen que los comensales revienten en carcajadas.
Así, hoy puede nacer un torero, o morir el capricho de ser torero.

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