Yo, la autora

Cierto mis textos son lo que pienso y muchas veces por ser mujer guardo dentro de los silencios nocturnos, pero quién puede evitar que los escriba ... tuve dueño de mis palabras, pero le quitaba la libertad a mi mano y a mi pensamiento ...

domingo, noviembre 8

ESPEJO

ESPEJO

    Al principio pensé que se trataba de mi estado de somnolencia, de mi falta de sueño y mi gran necesidad de cerrar los ojos. Pero después, sí me asusté. Me entró el pánico y ahora me siento realmente aterrado.

    Cuando empezó, veía cómo la mano, y los gestos de mi cara se quedaban atrás temporalmente; los movimientos reflejados en el espejo iban una milésima de segundo atrás según yo los ejecutaba. Repito, al principio pensé que era mi somnolencia, pero luego sucedieron hechos extraños que me hicieron dudar y estremecerme.

    Conforme pasaba el tiempo, algunas partes de mi cuerpo dejaron de funcionar debidamente y  de cumplir con sus obligaciones anatómicas. De ahí, saltó el segundo síntoma. El brazo derecho que me ocultaba de la luz diurna, se rehúsaba a esconder mis ojos del resplandor matutino. Tuve que resignarme. Después, mi boca dejó de emitir bostezos, aunque a mi lado hubiera alguien con las fauces abiertas cayéndose de sueño, ni así podía contagiarme de su descortés somnolencia. Luego mis párpados se negaron a cerrarse, por lo que me recostaba con los ojos abiertos. Se quedaron paralizados. No pudieron cerrarse nunca más, así que con el semblante descompuesto y mi mirada permanentemente alerta, infundía tal miedo que me decidí por unos anteojos oscuros que lo disimularan. Fue así como pude darme perfecta cuenta del fenómeno temporal.
    Luego de lo que conté, el retardo de los movimientos era cada vez más exagerado. El inter entre uno y otro era mayor. En alguna ocasión, mientras me acomodaba la corbata, mi gemelo en el espejo apenas se rasuraba la barba mañanera. En otra, mientras yo me cepillaba los dientes, él apenas retiraba las legañas de sus adormilados ojos.
    Aprendí a convivir con él, con esa imagen retardada de mí mismo. Hasta que empezó la competencia. Un día me sorprendió. Apenas lograba yo despertarme, cuando la imagen del espejo se presentaba ante mí, rasurado y peinado. Tuve que darme prisa para alcanzarlo. En otra, mientras él se reflejaba en el espejo, soñoliento aún, yo me había levantado más temprano para ganarle tiempo e irme antes de que me persiguiera su desaliñada cara. Me burlaba mientras iba en el coche, pero a través del retrovisor me acechaba burlándose. A veces no sólo lo veía en el espejo del baño. También en lo vidrios de los ventanales de mi oficina. En los cristales de los anteojos de quien me miraba. En los platos y los vasos donde almorzaba o comía. Hasta ahora. 
    Me he quedado mudo al verlo. Ya no soy el que se refleja en el espejo. Lo  miro desde aquí. Miro cómo se acomoda la corbata y se cala el saco gris. Me doy  cuenta que no se ha rasurado detrás del lóbulo. Me ví y lo ví con la espuma olorosa a menta a los lados de las mejillas y veo y siento la herida casi imperceptible (de no ser por el dolor) que se ha hecho (que me he hecho) con la navaja. Trastornado, casi loco, miro que se burla y se despide de mí satisfecho. Ahora, espero su regreso, su reflejo y lo miraré con angustia para que se compadezca y me saque de aquí.

1 comentario:

  1. No conocía el significado de tinglado, así que fui al diccionario de la RAE y encontré que "sirve para guarecerse de la lluvia."
    Muy adecuado me pareció guarecerme aquí de alguna lluvia, con palabras. Ya ves, las interpretaciones son caprichosas.
    PD Vine a echar un ojo, pero ya no lo encuentro. Si tú lo haces, ¿me lo devuelves por fa? O, al menos, trátalo bien.

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